miércoles 29 de febrero de 2012

Eres Gilipollas

Te lo voy a decir yo, por si acaso álguien no te lo ha dicho aun: eres gilipollas. Sin remedio. Tírate a la basura, no vales para nada. De hecho (y se escribe con "h" cuando es del verbo "hacer", imbécil) no harás lo único que demostraría que me equivoco: tirarte por un barraco aferrando una bolsa de mantillo, para servir de sustrato a la flora local.

Como seguramente no podrás creerte que a álguien no le parezcas lo mas
super megamolón del mundo mundial (descontados pitbull y las palomitas de microondas) te voy a explicar porqué a éste cabrón con barba y cuernos de carnero viejo le pareces un completo desperdicio de espacio habitable:

En primer lugar, eso que lees sin asimilar, esa fantástica colección de libros de autores conocidos que mencionas o lees en las cafeterías, no han dejado absolutamente ninguna huella en tu caracter. Tal vez algún indicio, como un diente de dinosaurio, yazca fosilizado entre los estratos de tu egomanía; pero ni de lejos constituye un esqueleto completo. La vida inteligente debajo de tu cabellera se extinguió hace años por hambre, no hizo falta ningún meteorito. Un día te diste cuenta de que "molaba" ser
culto y fuiste a una librería (o una biblioteca si no te alcanzaban los recursos) y pillaste lo primero que viste firmado por Sartre o Engels. Puede que hasta te compraras "El Capital" como primera lectura para darte fuste de culto y leido. Pero claro, como semillas en un erial, las ideas y las reflexiones de esos autores se agostaron y murieron dejando sólo algunos posos (frases hechas y algún que otro dato con que deslumbrar a la concurrencia de enanos mentales con que te relacionabas de aquella) No es realmente culpa tuya: no estabas listo para digerir al amigo Jean Paul así, a palo seco. El problema es que, una vez leido, no has vuelto a tocar "La Nausea" si no es para recordar alguna cita o alguna frase concreta que te permita quedar de listo.

En segundo lugar, estoy convencido de que si mañana se pusiera de moda bordar con hilo verde gayumbos fucsia, pondrías en tu tarjeta de visita "Bordador Esmeralda"
con la misma pueril arrogancia con que ahora te llamas a tí mismo "Escritor" olvidando que para llamarte escritor en castellano, tienes que procurar mantener el tipo a la sombra de Galdós, Cervantes o García Marquez. O al menos tienes que comer de lo que escribes. Si no, tronco, eres un barman que de vez en cuando escribe y hasta publica (con el dinero de sus padres) algún que otro folletín de cuentos o de ensayos... principalmente porque te faltan pelotas (y luces) para planificar y escribir cualquier cosas que supere las treinta páginas.

Por último: estás convencido de tener algo que decir. La gente debería escucharte. Pero no porque tu mensaje sea claro, sencillo e intentes que los demás se enriquezcan a través de tus vivencias o reflexiones. No. Si así fuera no juntarías cuatro adjetivos esdrújulos en la misma oración. Lo haces por que te encanta felar tu propio ego. Mirarte al espejo llevando una gorra de baseball de setenta euros ladeada como un gilipollas y pensar satisfecho "y ademas soy listo" Pero lo más importante, el argumento irrefutable por el que llego a la conclusión de
que eres gilipollas del culo, es que firmas con tu propio nombre los despropósitos lingüisticos que tienes la poca vergüenza de publicar. Quieres que la gente sepa que fuiste tú quien escribió esa basura.

Es como si alguien eyaculara encima de la Monalisa y luego pintara con los dedos en tempera roja "Lechazo, by Fulanito de Tal"

Es que eres imb
ecil, tio. Tonto del puto culo.






H.W.





jueves 16 de febrero de 2012

No me jodas, Primo.

Quienes me conocen saben que antes del Tdt ya estaba sin tele pues se me jorobó en 2006 y no he comprado otra desde entonces. Toda mi mierda audiovisual favorita me la sirve internet en abundancia y profusión, si bien no siempre en la calidad que me gusta o con los subtítulos como Dios manda, pero gratis, sin anuncios y, lo mejor de todo, sin comprarme una tele ni tener que pelearme con el Tdt, la antena comunitaria y otros inventos del Demonio.

Es por eso que no ando muy puesto del quién es quién en el mundo de la farándula, los anuncios de moda y otras cosas por el estilo. Conste que no voy de guay: a veces me molesta perderme una referencia en una conversación por no haber visto el dichoso anuncio de marras y les sorprendería lo a menudo que eso sucede. Sin embargo y pese a mi desconexión del mundo de las ondas, no soy del todo ajeno al imperio que ejerce la telebasura en todas las cadenas o del amarillismo de ciertos (mal)llamados noticieros de información (perífrasis que oculta la cruda realidad de una crónica de sucesos escabrosos e información futbolística)

Pese a lo que les pueda parecer a mis queridos lectores asiduos, quiero dejar aquí constancia de que no tengo nada en contra de la telebasura. Al contrario. La comprendo y la respeto, dedicando al empresario t
elevisivo la misma mirada cómplice que se intercambian dos gitanos en una feria: "Qué despierto eres, primo". Barata, rápida, fácil y vendible como el pecado humano. La telebasura es la reina del entramado audiovisual porque es el producto que los televidentes quieren ver, el que compran y por el que están dispuestos a tragarse interminables bloques de anuncios. No los documentales de la 2 (que creo que aun los ponen) No. Lo que la gente quiere ver es el "Sálvame" de turno. Punto.

Aclarado esto, ahora quisera ahora desnudar mi mejor prosa como Sanjuro su formidable acero, para cagarme en la putisima madre del pedazo de cabrón al que se le ocurrió hacer caja denigrando, no ya a los concurrentes semiprofesionales del gremio, sino a la gente de la calle. Por ejemplo chavalitas que, si bien no es que sean lo más listo que ha parido madre, son personas y no muebles.

Hace apenas unos minutos he visto un fragmento de un programa de citas, donde un mindundi chochidesnatado tiene que elegir entre varias chicas a la que más le guste, en una versión mediática del conejo de la suerte (con beso incluido). Hasta ahí bien. Lo que me ha indignado ha sido la entrada de una concursante en el corrillo y la acogida de que ha sido objeto.

La historia de la chica no es extraodinaria. Es asturiana y vive en Málaga donde trabaja de camarera. Tras una relación fallida de 8 años y después de tres más soltera (aunque imagino que no célibe), decide acudir al programa de televisión a buscar a álguien con quien tener algo estable... vale, ya hemos dicho que no es cuchillo más afilado del cajón; pero la falta de oxigeno al nacer no tiene porqué ser culpa de la criatura, así que no la juzguemos por ello.

El caso es que tra
s su entrada y rápida exposición de los hechos de su vida, la chica parlotea un poco, supongo que producto de los nervios (no sé ustedes, pero yo estaría como un flan) hasta que la conductora del programa la hace callar abruptamente. Preguntado sobre la opinión que le merece la muchacha, el cacho de carne objeto del concurso se explica como puede usando los consabidos lugares comunes y frases ensayadas (memorizadas o quizas escritas como una chuleta en el antebrazo) hasta que toma parte en la conversación uno de los opinadores del programa.

El orco asqueroso ese empieza a soltar soplapolleces sobre si al tontolwano le gusta o no le gusta la
chica, sobre si descartar a las tres concursantes, traer otras tres y otras zarandajas; montando por supuesto la feria de gritos y discusiones que, supongo yo, son el verdadero objeto del programa. Llegados a ese punto, el circo me era indiferente. Lo que estaba llenando de napalm hirviendo mi estómago era la forma de hablar de aquellos grillos, no sólo sobre la chica asturiana, sino también sobre las otras concursantes: juzgando su aspecto, su forma de hablar, incluso su vestuario. Hablando de ellas como muebles, como trozos de carne, como reses de exposición pero como reses de exposición que nisiquiera están presentes.

Esa mierda no está nada bien. Mis cuernos de carnero viejo se retorcieron pensando en las cientos y miles de mujeres que han sufrido y muerto para conseguir hacer respetar al sexo femenino en occidente. Duele ver esa herencia reducida a cuatro pobres chiquillas sentadas sobre sus cerebros, siendo despellejas y humilladas por la misma mierda contra la que sus antecesoras lucharon. Juzgadas por su aspecto, por su apostura o sus cuerpos. Nisiquiera buenas para ser consideradas adornos de aquel circo de descerebrados.

Y las pobres, idiotas de ellas, con la misma sonrisa estúpida y pose estudiada (espalda recta, pecho fuera, piernas cruzadas) disfrutando de sus 15 minutos de fama delante de la cámara. Aunténticas heroínas de los ruedos televisivos.

Personas del siglo XXI que han de transmitir a sus hijas que las mujeres son más que sus cuerpos y sus sonrisas. Que son individuos completos y complejos con inteligencia y valores que aportar a una sociedad en la que aun hay gente que las considera muebles o siervas sumisas. Una sociedad en la que defendemos la dignidad de aquellas a quienes un bastardo pone un ojo morado pero a quienes un auténtico hijo de puta cobra un sueldo por denigrar y humillar. Un trabajo sucio, si pero...

¿.. pero álguien tiene que hacerlo? ¿De verdad de la buena?


No me jodas, primo.




H.W.