Antes de adentrarme en el verdadero propósito de éstas lineas tengo que aclarar algo: soy fan de las mujeres. Los loqueros llevan varias décadas tratando de convencernos de que cuando somos niños, a los varones el sexo opuesto nos parece distinto y no nos gusta: mentira podrida, al menos en mi caso. Siempre me han entusiasmado las chicas, desde que fui consciente de que la difencia era algo más que en el vestuario.Me gustan tanto las mujeres que tengo todos sus discos, que les concedo un poder y una inteligencia superiores. Para mí una mujer es la mezcla de un ideal mitológico, una fábula y una obra de arte: algo tangible, pero a la vez enigmatico y trascente; mutable como las mareas, misterioso como el amanecer y deseable como un estómago satisfecho. Para mi una mujer no puede ser prevista, como no se puede prever la eclosión de las flores; no se pueden estudiar ni analizar. Son como la naturaleza, te atraen con su imagen, su olor, su tacto y puedes amarlas o despreciarlas: pero nunca entenderlas.
Que Dios creara tal asombrosa suma de cualidades y defectos a partir de una única costilla es una contundente muestra de su poder. Decidir que fuera la contrapartida del hombre en una especie con dos sexos y sin acompañarla de un manual de instrucciones, es una muestra de su retorcido sentido del humor.
Sin embargo que eso nos desvíe del propósito de éstos primeros párrafos: quería dejar bien claro que me encantan las mujeres. De cualquier condicion: inteligentes, tontas, simpáticas, sencillas, tiernas, duras, altas, bajas, anchas, estrechas, de belleza exterior o de belleza interior (sin importar cúan interior sea).

Esclarecido éste punto, de lo que quería hablarles en esta entrada es de un tipo concreto de mujer, entre todas las llamadas a tal condición: de la mujer hermosa.
La ventaja de vivir en una economía de subsistencia moral, es que en nuestra sociedad todo vale. Hemos frivolizado tanto y con tantas cosas que las apariencias son la verdadera fuerza que mueve nuestra cultura. Las apariencias afectan a la economía, el arte, la ciencia, la política. Si algo parece bueno hoy en Occidente, entonces seguro que lo es. Si instalaramos un Hymalaya de cartón piedra en la Sierra Norte de Madrid, álguien intentaría escalarlo o al menos viajará hasta alli para poder hacerse una foto frente a la montaña de cartón piedra más alta del mundo. Es más, si tal cosa se hiciera real, servidor será el que tenga el kioskillo de cerveza y gambas donde se puedan comprar las camisetas de rigor.
Es por eso que las reinas de nuestro entramado sociocultural sean las chicas bonitas. Por que no importa que sean inteligentes, buenas profesionales, verdaderas artistas o estén siquiera capacitadas para aquello que sea que hagan: basta con que sonrian al público adecuado.
No quisiera que me malinterpretaran, ellas no han pedido que el mundo sea así. Estoy convencido que una médico de buen ver ha superado los mismos e
xámenes que cualquier facultativo del gremio. Pero seguro que incluso aunque no lo aprovechara, o no fuera consciente de ello, en las revisiones la trataron algo mejor o pilló al de fisiología mirándole las piernas en más de una ocasión. Muchas veces he oido protestar a amigas y compañeras por que tal o cual compañera de clase o de promoción había entrado suspensa a un despacho y su generoso escote le habia granjeado un profesor solícito y complaciente. Es más, como seguro que muchos, en el trabajo he escuchado la clásica mierda machista de "Esa ha promocionado gracias a..." o "esa no da ni golpe, pero se trabaja a... " todos sabemos lo que sigue. Y mentiría si dijera que es un comentario más frecuente en hombres que en mujeres: la basura no entiende de sexos.
Por tanto, desde el peor blog de internet, quisiera romper una lanza en favor de las mujeres hermosas. Ni es su culpa, ni pidieron nacer así. Somos la suma de individuos que componemos nuestra civilización, quienes hemos combertido la belleza en un activo poderoso. Y no se escandalicen cuando tal o cual se opera los pechos, los labios, la nariz; se mata haciendo ejercicio y dieta o luce un vestuario atrevido: nuestro mundo es as
í de injusto e imperfecto. La belleza compra cosas con la misma solvencia que el esfuerzo o la inteligencia (o más, según que cosas) y en ésta vida uno juega con las cartas que tiene en la mano y con las que consigue escamotear. Nada más.No quisiera terminar ésta reflexión sin decir algo a aquellas que no se sientan ni quieran sentirse incluidas en la denominación que nos ocupa, ni falta que les hace: ustedes se lo pierden. Sin pudiera, servidor llevaría tacón de aguja y al carajo la mogigatería hipócrita. Conciencia y cobardía son la misma cosa, solo que conciencia es el nombre comercial. La madre naturaleza les dio unas armas, señoras, además de su cerebro y sus poderes mágicos: usenlas y recuerden lo que dijo el poeta: "En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados, ni los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles. "
Eso es todo.

