lunes, 30 de mayo de 2016

Hola niño feo.

Hacia tiempo que no te dejabas caer por aquí. 

A aquellos de mis escasos y muy queridos lectores que aun me tengan en su lista de favoritos, una disculpa. Sé que no nos ataba ningún contrato pero no es lo mismo desaparecer que marcharse. De modo que, a modo de nota en la almohada, esta es mi despedida. 


Hubo una época en mi vida en que este blog cumplió las funciones de confesionario, biografía y cuaderno de bitácora pero imagino que la madurez es algo que me ha terminado pasando, tanto si quiero como si no y enfrentado a la mortalidad, he llegado a la conclusión de que que prefiero dejar mi blog como un viejo sable: colgado en la pared y sin más ceremonia que unas palabras al pie, recordando que una vez tuvo sentido y que cumplió su función tal vez no con gracia, pero si con lealtad. 

En estas lineas me gustaría escribir muchas cosas, hay todo un mundo dentro de mi que desea expresarse pero me he dado cuenta de que escribir es barato. Sentarte ante un ordenador y desahogarte es la parte fácil. Sacudirle el polvo a la conciencia y expresar ese mundo en tu día a día, eso es lo que de verdad tiene sentido. Para bien o para mal. Un humilde plato de sopa tiene más sentido y merece más respeto que cualquier crítica que pueda recibir. 

De modo que hasta siempre a todos y a más ver, niño feo. 


No le gustas a nadie y tu madre te viste mal, así que al menos sonríe, canalla. 




H.W.